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San Francisco de Campeche a Martes 09 de Marzo de 2010 Intrépida dama del aire
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Literalmente se dio vuelo en los cielos de Pachuca al participar con un par de exhibiciones en el Extreme Adventure Hidalgo 2010. Luisa Romero, la única piloto aviador acrobática mexicana, impulsó su avión en línea vertical hasta alcanzar 20 mil pies de altura para desplomarse en espriral al menos 12 mil, retomar el control y hacer un loop (vuelta de 360 grados). Los espectadores tenían tres cosas por hacer: mirar al firmamento, estar boquiabiertos y aplaudir. Disfruta al máximo hacer acrobacias aéreas, y aunque ya no compite, esta pariente lejana de Ícaro aprendió la lección mitológica, pues a ella no se le derriten las alas y sigue surcando los aires cual ave en libertad. Ahora, la intención de Romero es inculcar este deporte. Los ojos de la aviadora cobran brillo al contar su historia: “Soy la única mujer mexicana que ejerce esta actividad”, dice melancólica, pero al recordar sus inicios reaviva el entusiasmo. Su vida transcurre en el deporte. Desde sus años mozos “he tenido muchas actividades: corredora, maratonista, alpinista, en mi adolescencia fui jinete. Por azares del destino vine a acabar en la aviación. Y digo azares del destino, porque nadie en mi familia es piloto”. —¿Qué la llevó entonces a esta curiosa disciplina? —Fue la ociosidad. Ya estaba aburrida de correr maratones, era muy extenuante. Lo tomé muy en serio, corría dos veces al día; entrenaba en el CDOM. En una ocasión, platicando con unos primos que volaban highlanders en Valle de Bravo me invitaron. Como yo radico en Tehuacán, donde ejerzo la veterinaria y tengo una importante granja avícola, se me hacía pesado desplazarme, así que pregunté en el aeropuerto de mi localidad si había algo que me pusiera en el aire rápido, bueno y barato. Nada. ¡Qué decepción! —¿Entonces qué hizo, a dónde se fue para que le enseñaran? —Al mes me llamaron para decirme que un piloto iba a traer un Cesna-140, de 1952, una avioneta muy bonita, plateada de dos plazas. Me enamoré de ella y la compré en 12 mil dólares en 1972. Tomé un curso. Con 43 horas de vuelo obtuve mi licencia de piloto; contaba con 32 años de edad. Era un hobby, sólo volaba de un punto a otro. Hasta que cierto día un aviador me dijo que si había hecho piruetas y como va me puso de cabeza. Desde entonces quede prendida. —¿Cómo y dónde aprendió la acrobacia aérea? —Tuve que ir a Vancouver a tomar cursos, allá hay un club especializado. Son cinco categorías: básico, sportsman, intermedio (en el que entró directo), avanzado e ilimitado. Participé en competencias de 1995 a 2002. El máximo logro, un cuarto lugar a nivel internacional. —¿Por qué se considera el vuelo acrobático un deporte? —Existe el deporte de la acrobacia. Se compite y se califica por lugares. Se evalúa precisión, ubicación de las maniobras y la dinámica, o sea, el ritmo que uno le imprime, como un baile de patinaje artístico. Es una ocupación recreativa. Que pueda uno remunerar o tener esto como una forma de vida, como el estadounidense Kirby Chambliss, campeón del mundo del Air Race 2006, se aprovecha bien. Hoy, a sus 50 años, con 18 de pilotar y 3 mil horas de vuelo, “que son pocas”, pretende junto con el aviador Rogelio Muñoz romper la burocracia y activar esta disciplina en México hasta el grado de impartir cursos de actitudes inusuales (casos al límite o emergencia), como la acrobacia, poner el avión en posición recta y nivelada. La dama del aire, la baronesa roja, con su nave escarlata pinta de colores el cielo con vistosas piruetas, actividad que piensa mantener por otras dos décadas al menos, a más de 20 mil pies de altura y sorprender a todos los que la miran y admiran. |
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