San Francisco de Campeche a Lunes 22 de Febrero de 2010


Digamos siempre si a dios
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 Mis queridos Amigos y Hermanos:

 

Recientemente la Conferencia del Episcopado Mexicano ha publicado una Exhortación pastoral sobre el tema de la violencia y la inseguridad, es fruto de más de un año de reflexión, oración y consulta a especialistas. Realmente vale la pena. En el sitio web de la Conferencia Episcopal pueden encontrar el texto, les pido por favor que, si esta dentro de sus posibilidades, la lean y la difundan.

 

Muchas ocasiones se preguntan, ¿Qué hacen los obispos para ayudarnos en la situación tan complicada que ahora vivimos?, pues aquí esta la respuesta.

 

Dentro del análisis propuesto se maneja una idea importante: Si queremos renovar México, hemos de comenzar renovando nuestro propio corazón. Pues bien, la Cuaresma es una oportunidad extraordinaria para renovar nuestra vida, no vayamos a desaprovechar este tiempo de Gracia. Que este primer domingo de Cuaresma nos permita descubrir cuánto somos tentados y podamos siempre elegir a Dios..

 

Del Evangelio según san Lucas 4, 1-13:

 

«En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó del Jordán y  conducido por el mismo Espíritu, se internó en el desierto, donde permaneció durante cuarenta días y fue tentado por el demonio. No comió nada en aquellos días, y cuando se completaron, sintió hambre. 

 

Entonces el diablo le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan”. Jesús le contestó: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre”.

 

Después lo llevó el diablo a un monte elevado y en un instante le hizo ver todos los reinos de la tierra y le dijo: “A mí me ha sido entregado todo el poder y la gloria de estos reinos, y yo los doy a quien quiero. Todo esto será tuyo, si te arrodillas y me adoras”. 

 

Jesús le respondió: “Está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás”. Entonces lo llevó a Jerusalén, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, arrójate desde aquí, porque está escrito: Los ángeles del Señor tienen órdenes de cuidarte y de sostenerte en sus manos, para que tus pies no tropiecen con las piedras”. Pero Jesús le respondió: “También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios”. Concluidas las tentaciones, el diablo se retiró de él, hasta que llegara la hora». Palabra del Señor.

 

INTRODUCCIÓN

 

El miércoles de ceniza ha sido la señal de salida de los cuarenta días penitenciales llamados Cuaresma. Este tiempo fuerte evoca en nosotros un tiempo de penitencia, de desierto, de tentaciones, de encuentro con Dios, de conversión.

 

De una firme afirmación de nuestras convicciones, o mejor, del valor que tienen nuestras convicciones ante una coyuntura de prueba y tentación. La Cuaresma es un tiempo interior de búsqueda sincera y valiente en nuestro caminar de cristianos. Ir al encuentro de nuestra geografía interior, de nuestros peculiares desiertos y desde allí reafirmarnos en nuestra fe en el Resucitado.

 

Es un tiempo oportuno para volver a preguntarnos, ¿Quién soy? ¿Qué busco? ¿Cuál es el objeto de mi vida? ¿Qué significa vivir como cristiano? ¿Cuál es el valor del dinero y del poder?. Cuarenta (días, noches, años) en el lenguaje bíblico significaba un período de presencia, acción y revelación de Dios hacia el hombre; significaba tiempo de encuentro entre Dios que expresaba su voluntad y el hombre que descubriendo la voluntad de Dios la aceptaba o la rechazaba. Se trata pues de una excelente oportunidad para reflexionar en serio sobre nuestra existencia, para conocer, para corregirla a fin de que lleguemos a la pascua reconciliados, limpios y curados. Tomemos a Jesús por modelo, que las tentaciones que Él sufrió nos recuerden que también nosotros las sufrimos. Él también hizo su Cuaresma y esa es la razón por la que la hacemos nosotros. Los cuarenta días de Jesús en el desierto son nuestra Cuaresma.

 

1.- EL POR QUÉ DE LA TENTACIÓN: DECIR SIEMPRE SI A DIOS.

 

Notemos algo sorprendente del Evangelio: «conducido por el Espíritu se internó en el desierto”. Pudiéramos pensar que es el diablo el que nos lleva al desierto para ser tentados. Si es el Espíritu Santo, podemos decir que la “tentación” no es mala. Lo malo es caer en la tentación. Y la tentación es una ocasión de volver a elegir a Dios: esto es extraordinario. !Volver a elegir a Dios! Es decirle: “Dios mío, que te prefiero a Ti” . El sí a Dios es cada día. Porque cada día tenemos la oportunidad de decirle al Señor: “Señor, te elijo a Ti, te elijo a Ti”. Cicerón (y seguramente no tenía toda la razón, aunque lo que decía está muy bien traído aquí), explicaba que la auténtica raíz etimológica de la expresión "religión” era religere, es decir “volver a elegir”, frente a los que decían que venía de religare; es decir “unión”. 

 

Las dos versiones son buenas, una, la religión como expresión de la religatio, la unión a Dios; la otra, religere, es decir, volver a elegir. Lo cierto es que cada día nosotros somos llevados por el Espíritu a circunstancias muy diversas para que volvamos a elegir. Esto es precioso, porque nos da la oportunidad de volver a elegir al Señor y decir que no a la tentación. Y son muchas las tentaciones que tenemos. Son tres típicas en las que todas están incluidas.

 

2.- PRIMERA TENTACIÓN

 

«…sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan».

 

¿En qué consiste esta tentación? En vivir como si Dios no existiera, vivir fuera de la providencia de Dios, vivir resolviendo yo mis problemas, valiéndome sólo de mí mismo. «Oye, ¿qué tienes hambre? Resuélvetelo tú mismo, conviértelo en pan». Y, ¿qué le contesta Jesús? “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios».

 

Le está diciendo: «Ojo, cuidado, yo me alimento fundamentalmente de la voluntad de mi Padre, de la voluntad de Dios, eso es lo que alimenta. Si su voluntad es que ahora pase hambre, ese es mi alimento». La tentación nuestra es querer resolvernos la vida por nosotros mismo. Sólo si hay un momento muy especial acudo a Dios, pero habitualmente me basto yo solo. Vivir ajenos a Dios, ajenos a la voluntad de Dios.

 

3.- SEGUNDA TENTACIÓN

 

«…lo llevó el diablo a un monte elevado y en un instante le hizo ver todos los reinos de la tierra y le dijo: “A mí me ha sido entregado todo el poder y la gloria de estos reinos, y yo los doy a quien quiero. Todo esto será tuyo, si te arrodillas y me adoras” ».

 

Dice San Ireneo respecto a esta tentación, es como si el demonio le dijera: «Mira, yo te voy a conceder la gloria sin la cruz». Una vez que la primera tentación no funcionó, el diablo va a lo contrario. Si es cierto que confía tanto en Dios, pues entonces hay que ponerlo prueba. Lo lleva a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del templo y le dice “tírate… Dios te va a salvar”. Esta tentación se refiere al hecho de vivir como si mi libertad no existiera, como si todo dependiera de Dios, haga yo lo que haga. Vemos que la primera tentación es vivir como si Dios no existiera y que la segunda es vivir como si mi libertad no existiera. Esto es muy importante en nuestra vida, es fundamental compaginar ambos aspectos: primero, la gracia de Dios, la voluntad de Dios; y segundo, mi libertad. La libertad es un misterio y la libertad implica una enfermedad que podríamos llamar “esqueísmo”. “Es que…”. Pase lo que pase, siempre tenemos una excusa: “No, es que…” Es como cuando le preguntas a un niño: ¿Por qué no fuiste a Misa el domingo?. Bueno, es que tenía mucho que hacer. O como cuando le dices a alguien: ¿Por qué no has recogido esto que está en el suelo?. “Es que…” Y, en el fondo, es un porque no quise, porque somos libres. Lo que ocurre muchas veces es que queremos disimular la libertad, porque lo malo de la libertad es que lleva consigo la responsabilidad.

 

Puesto que somos libres, somos responsables. Es tremendo cuando alguien te dice: Tú eres el culpable. Habrá cosas que son culpa mía, que no han salido porque yo no he querido, porque me he dejado llevar por la flojera, por la vanidad, por la soberbia. Esta segunda tentación es pensar que el otro siempre tiene la culpa de todo. La realidad de la libertad es abrumadora. Somos libres. Pero por otra parte no somos omnipotentes. Tenemos que vivir de la voluntad de Dios, de la escucha de la palabra de Dios. Por tanto ¿en qué consiste la libertad? La libertad está hecha para recibir y seguir la voluntad de Dios.

 

4.- TERCERA TENTACIÓN

 

El tentador, desesperado, porque no consigue nada, recurre a un tercer intento: «…Entonces lo llevó a Jerusalén, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, arrójate desde aquí, porque está escrito: Los ángeles del Señor tienen órdenes de cuidarte y de sostenerte en sus manos, para que tus pies no tropiecen con las piedras” ».

 

Es decir, no vas a necesitar pasar por el Calvario para tener toda la gloria y para eso sólo tienes que adorarme. Es decir le presenta un ídolo. Los ídolos dioses falsos a los que adoramos pensando que así obtendremos la felicidad que también Dios nos va a dar, aunque de un modo mucho más costoso. Esta tentación se puede llamar ¡viva el atajo! Consiste en decir: ¡Oiga Ud., consiga sin esfuerzo lo que otro le ofrece costosísimamente”. Podríamos decir que el siglo XXI es el tiempo de la cultura del atajo, del “sin esfuerzo”. Y la verdad es que lo que no cuesta esfuerzo, no vale.

 

Y esto vale para todo: para el estudio, para la oración, para la fraternidad, para la caridad. Todo necesita esfuerzo: es falso el que vende algo bajo el lema “sin esfuerzo”. Me vienen a la mente todos esos aparatos “milagrosos” que le ofrecen bajar de peso en dos semanas con tan solo 10 minutos de uso. Por eso lo que le ofrece el diablo al Señor es: «Mira, Tú vas a reinar, Tú vas a reinar por todo el mundo, pero en vez de hacerlo por la vía que te indica Dios Padre, hazlo por la que te digo yo, adórame y yo te lo concedo, ¿quién te han dicho que hagas eso? Haz justo lo contrario y ya verás lo a gusto y feliz que vas a estar». 

 

A MODO DE CONCLUSIÓN

 

Hemos reflexionado sobre las tres tentaciones. La primera, vivir como si Dios no existiera. La segunda, vivir como si mi libertad no existiera. Y la tercera buscar atajos. El texto del evangelio termina el relato diciendo que “el diablo le dejó y, he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían” (en la versión de San Mateo). Los ángeles le servían, le consolaban los ángeles son los enviados de Dios. Dios conforta siempre a aquel que vive en su voluntad, que le reelige, que le elige. Nosotros también somos tentados, no lo olvidemos. Somos tentados por el “rey del escondite”, nos tienta y luego se esconde.

 

En el libro Cartas del diablo a su sobrino, de C.S. Lewis, le dice el diablo a su sobrino, como primera norma: «Tienes que hacer creer a los hombres que no existes, porque así has ganado tu primera batalla». Son muchas las veces en que hemos de reconocer que vivismos en tentación, es decir que somos invitados por el diablo a no cumplir la voluntad de Dios. No olvidemos que la vida cristiana es increíblemente sorprendente, el mensaje cristiano es para escandalizar. Y, a veces, lo hacemos perder su colorido cuando nos hacemos cristianos “light”. Es como decir: Sea usted cristiano con poco esfuerzo. Y como hemos visto en el Evangelio, no es verdad, Jesús tuvo tentaciones, y no es el discípulo más que el maestro.

 

Hoy es bello poder decirle al Señor que estamos dispuestos a reelegirle todas las veces como seamos llevados al desierto por Espíritu para ser tentados. Hemos de ser conscientes que detrás de cada tentación hay un riesgo que todos tenemos: el pecado. ¿A quien elijo? Elijo la espada, elijo vivir con mis solas fuerzas, elijo hacer mi voluntad, elijo no asumir responsabilidad, elijo los caminos fáciles. El caer en la tentación es el pecado. Pero nosotros, por gracia de Dios, podemos no caer o levantarnos cuando caigamos. Todos caemos. ¡ANIMO!