San Francisco de Campeche a Jueves 18 de Febrero de 2010


Improvisación vs trayectoria
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 Beatriz Zavala Peniche se apresta a rescatar para el PAN una elección que los priistas dan por ganada con una candidata de generación espontánea de escasos tres años de vida política, Angélica Araujo Lara, y conservar el ayuntamiento de la capital meridana, en poder del blanquiazul desde 1991.

Considerado el bastión panista del sureste, Beatriz Zavala Peniche se enfrenta a una elección en la que la mano del gobierno de Ivonne Ortega Pacheco está presente pues no sólo utilizan los logotipos de varios de sus programas de gobierno como imagen del PRI, sino que las acusaciones directas de intervención del Ejecutivo en el proceso hacen ver que esa entidad ha regresado a las épocas rupestres denunciadas por Víctor Manzanilla Schaffer en los años 80.
El uso de la procuraduría contra sus adversarios, pretextos banales para agredir a quienes no están de acuerdo con ese gobierno, funcionarios de primer nivel metidos hasta el cuello en la represión y la agresión a los ciudadanos.
Los contrastes entre Zavala Peniche y Araujo Lara inician desde sus propios curriculums. La priista es arquitecta y apenas tiene tres años de incursionar en la vida política de Yucatán con un cargo como directora del Instituto de Vivienda y una diputación federal de la que tomó posesión en septiembre pasado, todo ello de la mano de su impulsadora Ivonne Ortega Pacheco. De dibujante de una dependencia a candidata a alcaldesa, por lo menos sin ser la sobrina del más sólido cacique de Yucatán capaz de convertir a una porcicultora en figura del estrellato político.
Zavala, por su parte, actual senadora de la República, ha sido diputada local, federal, secretaria de Desarrollo Social del gobierno federal; antropóloga social y cuenta con una maestría en sociología y es miembro de una familia cuyo tronco es Don Silvio Zavala Vallado, uno de los historiadores más prestigiados del país.
En el ámbito familiar, mientras Beatriz presume a la suya y hasta a sus nietas, Araujo sólo se limita a presentar a sus dos pequeñas, producto de una unión que ella misma nunca define y hasta oculta.
Los contrastes siguen cuando se revisan los tiempos de campaña y mientras Zavala la inició hace unos días, Lara no ha parado desde que la inició para contender por la diputación federal en el primer trimestre de 2009 y cuyo patrocinio del gobierno local mereció innumerables quejas por parte de sus adversarios. De hecho, esa fue la primera campaña de Araujo, la única, pues.
Considerado como uno de los gobiernos más frívolos que haya tenido Yucatán, la imagen de los candidatos del PRI se maquilla con recursos oficiales, además de que se aplican fórmulas extrañas y poco convencionales que hacen parecer que la pobreza extrema desaparece y los planes de gobierno en la entidad son exitosos, según denuncias no sólo de autoridades sino también de partidos políticos.
Recuperar el ayuntamiento de Mérida se ve como una obsesión para el PRI no sólo porque el padrino político e impulsor de Ortega Pacheco, su tío Víctor Cervera, falleció después de una estrepitosa derrota en manos de un candidato panista de muy bajo perfil, sino porque en los comicios pasados también fue derrotado Adolfo Peniche Pérez, miembro de una pudiente familia yucateca, a la postre secretario de Desarrollo Económico en el gobierno de Cervera Pacheco, tesorero en el de Dulce María Sauri y hoy coordinador general para el Sistema de Financiamiento para el Desarrollo de Yucatán, con Ortega Pacheco.
El tema, considerado relevante por ser la primera elección de este año, nos dará el talante de lo que pasa en el sureste del país donde el PAN no supo conservar una gubernatura y el PRI demostró que sigue siendo capaz de todo para arrebatar, comprar y hasta inducir el voto. Y nos faltan 12 gubernaturas.