San Francisco de Campeche a Viernes 05 de Febrero de 2010


SACAMUELAS
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Al líder del H. Congreso solo le falto preguntar si el Dr. Gonzalo Bojorquez Risueño era propietario de algún gato para haberlo mandando ahí, en ese mismo instante –al gato aclaro- a tiznar a su madre. Atosigado y cercado literalmente por un par de reporteros que le corretearon micro y cámara en mano para sacarle como fuera algún pronunciamiento relacionado con el pugilato mediático que nos vienen regalando sobre que poder debería recaer la resolución de las controversias en algún rollo no resuelto peticionado por un ciudadano ante cualquier institución del poder público, los comunicadores finalmente no se fueron con las manos vacías. Víctor Méndez Lanz, rebasado por el hígado y sin el control de la lengua a la que uno entiende debería verse sometido, termino embestido ya, pero en un mal rapero de callejón, descalificando al titular de la Cotaipec en razón de su oficio profesional, en lugar de haber intentando aclarar las dudas por la ruta de los argumentos y de la razón, que curiosamente no le son o deberían serle ajenas.

 
Ha sido tal la cauda de papel y diarreica verborrea disfrazada de conocimiento profundo que hemos –así en plural y de manera bien incluyente- soltado en seguimiento de este –y otros asuntos igualmente complejos- que de inmediato nos dispusimos a buscar la opinión de los expertos. En el patio, a riesgo de que mi personal juicio moleste a tantos, créame que al levantar la vista no hay muchos. Probablemente sean más de lo que usted y yo pensamos, pero eso si muy pocos con las agallas suficientes para hacerlo al estilo del Abarrote. Esto es, en vivo, a todo color y sin red de protección. Sin guiones preestablecidos pues de esos que facilitan las respuestas a modo y bien ensayaditas.
 
Me sorprendió, a pesar de la amistad que me dispensa y honra desde hace ya muchos años la inmediatez, esa misma que hoy reclama una de las partes de esta confrontación pública entre estos dos destacados profesionistas, ninguno por cierto abogado, -uno odontólogo y el otro licenciado en administración de empresas- con la que el Lic. Álvaro Arceo Corcuera aún en su condición de asesor jurídico del gobernador del estado, aceptara al botepronto la invitación para sentarse en el mostrador para aclarar con sencillez y claridad jurídica, lo que para muchos de nosotros que no lo somos, todo ese berenjenal en el que se ha convertido la reyerta que sostienen las partes en conflicto. Uno, montado en la necedad de la ignorancia consumada, y el otro arropado de la arrogancia y soberbia que le impiden encontrar el tono y la forma para someter al juicio de las audiencias poco entrenadas la compleja desavenencia.
 
La erudición incuestionable del responsable de los asuntos estrictamente legales y jurídicos del gobierno del estado, combinada con el ríspido humor y la fina ironía de los que saben, puede que moleste, o mejor aún, incomode a muchos. Entiendo estos muchos como los que generalmente  también igual le saben, pero a los que nos les alcanza la habilidad para explicarlos con suficiencia y sencillez. Para que recordar el origen de la posición radical del promotor y responsable del avance en Campeche de eso que se llama transparencia y derecho ciudadano a la información que ahí esta y no se discute. La insistencia –llamarla necedad, se, irrita a mas de dos- por hacer de las actuaciones y ordenamientos de esa magnífica herramienta (en manos hoy de la trilogía enmarcada en sus propias facultades) absolutas y libres de ser cuestionadas ni por el propio Papa si así alguna vez se le ocurriera, simplemente no pueden ser, aunque tal posibilidad resulte claro, -hasta para el que esto escribe- taquillera.
 
Que el camino del perfeccionamiento de la herramienta es largo, complejo y de suyo complicado? Quien en su sano juicio dudaría lo contrario. Los responsables de afinar las bondades que animaron a sus creadores van contra el tiempo para determinar por ejemplo, cuando habría que dejar fuera de cualquier duda razonable la urgencia e inmediatez para contestar pronto al ciudadano, alguna duda que no pusiera en riesgo, -insisto, se trata de un ejemplo- la seguridad del estado, y cuando la instancia requerida tendría que hacerlo sin tener que cobijarse en los intrincados vericuetos del amparo que le ponga lejos y a buen recaudo del siempre molestoso ciudadano común y corriente que trata, otra vez, por ejemplo, de averiguar cómo o de qué manera se desahogan, se asignan o se otorgan las licitaciones públicas. Para muchos de nosotros que no somos expertos, debe existir por ahí perdido en el camino, algún punto medio que nos ponga a todos en la ruta de alcanzar el espíritu original de los promotores de la llamada Ley de Transparencia. 
 
Hoy, deben ser muy, pero muy pocos los dispuestos a invertirle bajo estas condiciones dos o tres años de su tiempo para perseguir como una sombra, a las dependencias del poder público con la esperanza de llegar a obtener por escrito, las respuestas a preguntas que inspiran a los legisladores en el mundo. La transparencia como valor bien apreciado en las democracias más avanzadas, forman parte de la cultura regular de aquellas naciones que hace muchos años superaron las discusiones en las que ahora nos encontramos. Olvídese de Suecia y Noruega, Imagine usted cómo le va a Cuba, Venezuela y Bolivia, por citar solo a tres del vecindario. El camino es largo, y bien vale la pena serenarse. La pose ramplona de chamacos peleoneros en el pecho a pecho a la salida de la escuela por los amores de la chica bonita del salón, no sirve ni abona nada a la causa. Son y somos muchos los que de no muy lejos les miramos.