San Francisco de Campeche a Martes 02 de Febrero de 2010


Insultos
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Cuando se terminan los argumentos, empiezan los insultos.

El alcalde de la capital, Carlos Rosado Ruelas, encabeza una administración que, queda claro, amenaza el estilo de vida de muchos actores políticos y empresariales de Campeche. Su posición de depurar la administración municipal lo ha llevado a tener que enfrentar intereses que, hay que decirlo, sangraban y depauperaban al principal ayuntamiento campechano.
Desde su llegada, se le han inventado al presidente municipal toda una serie de infamias que sólo tienen que ver con el pánico escénico y económico que le produce a muchos el tener que ponerse al día en el pago de prediales, de agua potable y demás impuestos que ellos no sólo no cubrían sino que sus manos y arietes golpeaban a la administración pública para sacar jugosas aportaciones en detrimento del servicio público.
¿Cómo explicar que Campeche como estado recibe prácticamente lo mismo que Yucatán como entidad, pero que en nuestra demarcación sólo hay más de 800 mil habitantes contra, por lo menos, el doble de los yucatecos?
¿Por qué entonces Mérida, la capital, tiene más y mejores servicios que Campeche si nuestra capital es seis veces más pequeña en términos de población? La respuesta se antoja simple: el ayuntamiento capitalino ha sido botín de pillos que han sacado un elevado provecho de las arcas públicas en detrimento del servicio que recibimos cada ciudadano.
Si Eugenio Echeverría Castellot y Gabriel Escalante Castillo no hubieran tenido la visión para iniciar el cambio de la ciudad, Víctor Méndez y compañía no podrían pararse el cuello como si ellos hubieran logrado –sólo hicieron el trámite- que la capital sea patrimonio de la humanidad. Luego vino el malecón, cuyo diseño se plagió incompleto de un gobierno anterior que incluso proponía un espacio especial para las ferias y festejos de San Román.
Hoy, el alcalde tiene como responsabilidad hacer que la Comuna campechana opere, que lleve servicios donde no los hay y el reto de su administración es enorme porque, hay que decirlo, falta muchísimo para hacer y los intereses económicos y políticos a ratos parecieran tratar con todas sus fuerzas de pararlo.
Si a ello se le suma la andanada de denuestos de quienes se siente más agraviados, pues la desinformación que llega a muchas columnas sólo tiene que ver con el monto de la mensualidad, de la complicidad y, por qué no, de los negocios turbios que desde el ayuntamiento operaban.
Salir a insultar al alcalde desde una columna lapidaria dominical sólo debe de verse como la desesperación de ese grupo que la promueve, pero con una enorme torpeza porque cada insulto al hoy alcalde lo fue posicionando como lo que es: un político joven, popular cuyo origen en lugar de ser motivo de vergüenza lo identifica con quienes votaron masiva y contundentemente por él.
Carlos Rosado Ruela ha sido recipiendario de epítetos como “el rey del taco”, “…del lechón tostado”, y lindezas como esa han tratado de reducirlo, de burlarse de él, de convertirlo en mofa y lo primero que lograron fue transformarlo en la autoridad que le quitó el gobierno a quienes ellos dicen que defienden.
¿Hay cobardes que creen en verdad que el trabajo y la honestidad se mata a periodicazos?, ¿hay imbéciles que no ven cómo se desenmascara su interés económico y hasta político cuando en vez de argumentos usan groserías ofensivas? La realidad es muy clara: cuando se tienen más de 92 predios en la capital, cuando se ha recibido en lugar de pagado depredando el servicio de todos los campechanos, lo normal es la resistencia, pero cuando ésta tiene argumentos y es inteligente hasta puede ganar simpatías. Cuando es como hoy la vemos, no sólo es un boomerang que regresa sino que los exhibe y lesiona a quienes aspira a “ayudar”.
Por cierto, ¿de qué tamaño es la fobia en contra de Gabriel Escalante Castillo? 
El ex presidente de los Piratas no sólo ha sido un político serio sino que también tiene relaciones no sólo valiosas y honestas con la oposición, con todos los campechanos, sino que ha demostrado lealtad y discreción, virtudes que no cultivan sus detractores más feroces. ¿Su pecado es no rendir pleitesía, no postrarse como muchos otros? Eso habla bien de él y se lee mejor el insulto.
Da pena decirlo, pero cuando los perros ladran es quizá porque les quitan el hueso…