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San Francisco de Campeche a Viernes 29 de Enero de 2010 El tablero
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Se mueve, lento pero se mueve. Falta mucho para que la agenda que trae con los pelos de punta a los nueve estados que mudaran gobierno termine alcanzándonos a todos. Cinco de las nueve a discutir electoralmente el próximo mes de julio de acuerdo a lo que opinan los que saben están siendo codiciadas por cualquiera que usted me diga ahora, menos por claro, por el PRI. El cambio de ruta que abre paso a las alianzas entre fuerzas, ideologías y posturas nunca antes vistas al menos en el papel de la competencia directa, podría tener en Oaxaca como primer laboratorio visible –y extremadamente cercano- al estado de Oaxaca con la repetición de Gabino Cué, que se quedó a un pelito (ellos dicen y afirman que ganaron) de llegar hace seis años al gobierno de aquel estado abanderado por las siglas de su partido Convergencia. De finos modales, hablar pausado y de una civilidad política que no se mira en muchos de sus correligionarios de primer nivel, podría ser el primero de sabrá Dios cuantos más vayan a la contienda agarraditos de la mano, con sus más encendidos, ya no diga opositores, sino enemigos y detractores jurados. Aquí sobra la sobada muletilla del agua y el aceite. Ayer en esta misma página –única por cierto de los medios locales impresos del patio que compromete aquí a un ladito cotidianamente una voz y postura editorial de cara a sus lectores- leía una de las líneas espléndidas de don Fernando Sabater en la que decía que el dinero es una preocupación humanísima: no hay animales que se interesen por él. Nadie llevaría un millón de dólares a una isla desierta. Tras leerla más de un par de veces para tratar de volver a fijarla en la memoria, no resistí la tentación esa mexica y pirata que tramos tantos por dentro de alterarla –adaptarla dirían los elegantes- sin que perdiera ésta su sentido original y suplicando a Dios que el filosofo español nunca llegue a enterarse de mi atrevimiento. La versión de El Abarrote no andaría tan equivocada si hoy o mañana nos aventamos a afirmar que la política, si, la política, es una preocupación humanísima, porque a ver dígame usted, cuando ha visto a un burro queriendo ser diputado, o peor aún se atrevería a llevar a uno de estos, políticos pues, a una isla desierta? Francamente no lo creo.
Lo he repetido tanto, que ponerlo ahora de nueva cuenta por escrito no será revelación para nadie. Lo dije al menos un año atrás incluso del prolongado y desgastante proceso interno del PRI en el que las fuerzas vivas discutían por elegir entre una media docena de sus militantes, a quien garantizara el triunfo en la elección de julio del año anterior. Fernando Ortega Bernés habría ganado la elección cobijado en las siglas de cualquiera –léase aquí, de todos- los partidos que abiertamente y sin necesidad de alianza alguna hubiere llegado a convencerle. El coqueteo, como dicen los clásicos, era abierto y descarado y deberán de pasar muchos años para que algún día el protagonista principal de la esta historia tal vez se anime a platicarnos de que tamaño llegó a ser la tentación por corresponder a todos los que entonces se relamían los bigotes.
El tablero local deja ver sus primeros movimientos. Suaves, tersos y ciertamente sin el peso específico que solo trae aparejado una elección cercana. Consejo de transición, le llamo hace unos días por estas mismas veredas Roberto Oropeza. Giacomina Merino Capellini sin empujones ni sombrerazos destemplados pasó a ocupar la segunda posición del Partido Revolucionario Institucional en mancuerna con Alejandro Moreno Cárdenas, quien con todo y lo que su porra o detractores le quieran cuestionar se destacó como uno de los operadores de mayor influencia durante el pasado proceso electoral. Los tricolores tienen un librito de procedimientos interno que llegado el momento de aplicarlo les sigue, pese a lo añejo y manoseado que se mira, rindiendo el resultado de todos conocidos.
En la versión azul las olas previas a la distancia se observan por el momento, conste, suaves y onduladas. El primer meneíto al pote, solo deja ver a tres aspirantes presentados aquí en orden sugerente tal vez, más no definitivo claro. Nelly Márquez Zapata, Mario Enrique Pacheco Ceballos, y Erick Stefan Chong González. En términos futboleros, dos locales y un visitante. Todos ellos los tres, con roce y talacha parlamentaria en el Congreso Local, pero solo la primera presumiendo en su curícula particular por méritos propios el estar jugando ya en la Champion League del circuito federal. No falta quien me dice al oído que no son tres, sino cinco los que intentarán hacerse de las riendas de Acción Nacional en Campeche completando la quiniela con Yolanda Valladares y la propia María Asunción Caballero, porque Mario Ávila Lizárraga ya les mando a decir que si saben contar, no cuenten con él para bailar ese vals.
El seguimiento del numerito azul incluye a diferencia de los demás, el averiguar el grado de corrosión que se viene dando entre los oxidados hilos que mantiene un debilitado liderazgo no oficial ni reconocido de Carlos Mouriño Atanes quien encarna por la vía de la heredad – que tampoco encuadrada en ningún librito oficial de procedimientos- el incuestionable control que en vida alcanzó y llego a ejercer con una buena cuota de exitosa habilidad el malogrado secretario de gobernación. En la orfandad compartida de los tres, o de los cinco aspirantes solo la primera podría presumir hoy de la sana distancia siempre marcada con firmeza y cortesía de la línea –hoy día tímidamente negada por todos- generada desde el corazón de las Torres de Cristal.
Mi correo electrónico: manuelcruzbernes@hotmail.com |
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