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San Francisco de Campeche a Jueves 28 de Enero de 2010 Reforma política
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Beatriz Paredes, Manlio Fabio Beltrones y compañía sacaron las uñas en el cónclave de Veracruz y decidieron que los ciudadanos no tenemos derecho a ser candidatos. Dicen que usted o yo, como mexicanos comunes, respondemos a intereses mezquinos y que precisamente por ello tenemos que seguir padeciendo que sólo los militantes de partido sean quienes nos representen o nos gobiernen, aunque nos roben y nos defrauden.
Pero el modernismo político del partido de la “nueva actitud” remata asegurando que muchos de quienes tenemos urgencia por cambios democráticos aspiramos a restringir la creatividad de los estados exigiéndoles transparencia en aras de un centralismo que ya no debiera de padecerse.
La pieza de la señora Paredes y correligionarios es única: "La influencia acrecentada de los poderes fácticos debe llevamos a ser prudentes con decisiones que aparentemente son de avanzada, pero que en la realidad nacional actual pudieran ser contraproducentes.", dijo al referirse a las candidaturas ciudadanas.
Lo grave es que los poderes fácticos de este país los creó el sistema político que ella representa: Televisa es engendrado por Miguel Alemán y luego entregado a la familia Azcarraga y Televisión Azteca pasó de ser del Estado a la familia Salinas, parientes cercanos y vinculados con el ex presidente Carlos Salinas de Gortari. Ese argumento es descartado.
La realidad es que los argumentos del PRI sólo tienen que ver con la paja en el ojo ajeno y con esa posición oligárquica del conservadurismo político que significa regresar al poder a como de lugar.
La visión ciudadana que podría percibir que una alianza opositora como la que intentan hoy PAN y PRD dejaría en el camino al PRI ha puesto nerviosos a sus dirigentes que ya se veían instalados en Los Pinos prácticamente sin competencia.
La elección de 2010 sentaría un mal precedente para la vida democrática en el país si se consolida la percepción de que el PRI es inamovible de sus posiciones, pero también dejaría muy claro que la frustrada transición dejó regresar a quienes convirtieron al país y a sus estado en un coto de poder privado.
La declaración de guerra contra la reforma presidencial y la manera de decirle al presidente que no lo van a apoyar ha dejado pasar, también, una clara advertencia a la sociedad de que el PRI no sólo no ha cambiado sino que está dispuesto a todo para regresar al poder y sostenerse en el otros 70 años. El argumento es sólido: “sólo nosotros podemos, sabemos y debemos gobernar al país”.
Las grandes reformas que el país necesita no son una graciosa concesión del gobierno o del PRI sino una exigencia social, precisamente de esa sociedad que llevó al tricolor a desalojar la presidencia en el 2012.
La manera como el PRI ha actuado como oposición hasta lograr una mayoría en el Congreso deja muy claro que los gobiernos priístas siguen usando los bienes públicos para comprar clientela electoral mientras los panistas y sus recatos los dejaron inermes ante un activismo sólido realizado precisamente por los gobernadores que no sólo le niegan transparencia a la ciudadanía sino que siguen desviando los recursos para sus provechos político-electorales.
La alianza PAN-PRD debe de forjarse desde loa concepción de una urgencia Ciurana que no termina de resignarse a ver regresar al poder absoluto a quienes por sexenios depredaron el poder, el país y sus recursos y llegaron al extremo de matarse entre ellos como parte de su ajusticiamiento interno.
La Revolución seguirá siendo un mito porque si bien la verdad es que el país logró avances también es cierto que sus postulados no se han cumplido siquiera entre quienes se deciden usufructuarios de esa justa.
Apostarle al crecimiento democrático del país no pasa por destruir al PRI, pero sí por atarle las manos y dejarlos incapacitados para ejercer todas sus trapacerías electorales. |
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