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San Francisco de Campeche a Lunes 25 de Enero de 2010 700
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Suena chabacano lo sé, pero tengo que decirlo. No ha sido fácil. El Abarrote arriba esta mañana de lunes a la emisión número 700. En igual número de ocasiones y desde otro lunes pero del dieciséis de abril de 2008 ahí hemos estado con una terquedad que en ocasiones me sigue sorprendiendo, de manera ininterrumpida de lunes a viernes en un horario (7 a 9) al que nunca nadie en casa se había atrevido para la producción de un programa de televisión. En la compañía de mi compañero, mi amigo y mi brother Jorge Cach Uc y una docena de enjundiosos chamacos involucrados por convicción más allá del compromiso laboral, damos y nos damos los buenos días asomándonos por espacio de un par de horas a las noticias y hechos de mayor relevancia que los periódicos que se editan, publican y circulan en el estado, decidieron colocar en sus respectivas primeras páginas. En estas mil quinientas horas –sin contar las repeticiones- uno termina repitiendo casi por instinto alguna que otra frase que forma parte de la esencia de lo que a diario intentamos con la enjundia conocida siempre que levantamos la cortina. Así lo dije en la primera emisión, y es casi seguro que así lo diga esta mañana, pero esa necedad de colocar en igualdad de circunstancias y al alcance de la mano -y de los ojos- de los televidentes las portadas de todos los periódicos locales y regionales sin atender ni fijarnos en el grado de penetración, circulación, simpatía o años de existencia, no tiene otro propósito que el de dotar al receptor en el menor tiempo posible (el segmento de las portadas de los diarios, dura apenas quince minutos en la pantalla) de la información que le permita primero en el plano personal actualizar su opinión individual, para que más tarde, al sumarla, confrontarla y compararla con la de los demás, tenga la certeza de que podrá contribuir así a fortalecer lo que se conoce como la opinión pública.
Hace tiempo que supere la tara esa convertida en presunción –cuando me ocupo del asunto, lo hago solo para pitorrearme yo mismo del atrevimiento- de que en materia de estilo, ritmo y contenido hemos descubierto el hilo negro. Eso me queda perfectamente claro, como también me queda claro y no tengo la menor duda que el desparpajo, desprovisto del aburrido gesto de impostada seriedad que utilizan muchos para intentar apantallarnos –palabreja ad hoc para la ocasión- con su iluminada sabiduría ha marcado la pauta e inspirado a una buena parte de los que luego se nos formaron atrás con las mismas intenciones.
La fórmula es tan añeja como la televisión misma. Ahí siguen en Youtube fragmentos estupendos del bachiller Álvaro Gálvez y Fuentes, o de don Humberto G. Tamaño, protagonista de aquel célebre “programa de un solo hombre”; ahí también para el que quiera averiguarlo, porciones de historia viva con don Daniel Pérez Arcarás y Madaleno que se mantuvieron por casi treinta años, antes de que Francisco Stanley y Mayito heredaran la tienda con el resultado que todos conocemos. En la telera mexica abundan ejemplos exitosos recientes, con la Trastienda de Víctor Trujillo y Ausencio Cruz. Y bueno si a los anteriores usted le agrega la admiración personal que tengo por toda la vida de comunicadores del tamaño de gentes como el “Güero” Zabludosky, Memo Ochoa, Paco Malgesto, Pedro Ferriz, Carlos Marín, Miguel Ángel Sánchez de Armas, Ciro Gómez Leyva entre otros podrá entonces encontrar sin dificultad la esencia pues de lo que es o pretende ser hoy, si, con 700 programas ya en el pedigrí, que no en el palmarés que no somos boxeadores, El Abarrote.
Convencer a don Abelardo Carrillo Zavala, director general de TV MAR, me tomó menos de cinco minutos. La producción de un programa de televisión de corte informativo y entrenamiento, pero sostenido a partir de una combinación incluyente en que el que pudiera hablarse sin cortapisas de todos los periódicos sin atender como ya dijimos a su tiraje y contenidos, y peor aún, al origen de las pasiones, abiertos rencores y profundas diferencias de los dueños era y seguía siendo literalmente imposible. Don Abe nos abrió la pista sin protocolos de rigor, dejando a la palabra, y no a la firma, el compromiso de un ejercicio serio y responsable para expresarnos con toda libertad sobre todos los temas del entorno nuestro. El Abarrote encontró pronto su propia esencia. Marcó pauta, ruta, y expuso desde muy tempranito en la visión cotidiana del vaso siempre medio lleno la agenda del día, y en no pocas ocasiones, hasta de la semana.
A tal grado logramos colocar el numerito, que a mediados del año anterior en la cúspide de la agitada ola electoral fuimos convidados para integrarnos en un hecho verdaderamente novedoso, y ciertamente agresivo en términos de competencia de medios electrónicos a formar parte de la barra programática de Telesur, sin abandonar –ahí y en eso radicaba lo inédito- nuestra prima alma mater de TVMAR desde donde originalmente habríamos continuando produciendo la señal. La pura circunstancia de llegar con nuestro proyecto a una audiencia infinitamente mayor no fue suficiente para materializar la sinergia que habría, -no me queda le menor duda ni entonces ni ahora- fortalecido la proyección, posicionamiento y presencia en los espacios que Telesur ha alcanzado cuando esta por acercarse a la primera década de un trabajo arduo, serio y sostenido.
En nombre de Jorge, Marisol, Georgina, Orlando, Omar, Víctor, Abraham, Abel, Miguel, Nevy , de todos los patrocinadores, de quienes han ido y han regresado con nosotros a los largo de los 700 programas y en el mío propio, nuestro puntual agradecimiento.
Mi correo electrónico: manuelcruzbernes@hotmail.com |
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