San Francisco de Campeche a Viernes 22 de Enero de 2010


El mensaje
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 Una semana después. Cuando nos leíamos ocho días atrás ya circulaba con la velocidad certificada con todo y los riesgos conocidos de la siempre presente Radio Bemba, fragmentos de la participación del gobernador Fernando Ortega Bernés durante la instalación con la asistencia de casi un par de centenares de funcionarios del Copladecam. Usted, entrenado lector de estos asuntos, no tengo más que decirle. Se trata del organismo interdisciplinario que con la participación de los tres niveles de gobierno,  elabora, diseña, construye, propone, afina y finalmente aprueba las acciones de todos los sectores. En apariencia para no pocos con un perfil de corte cosmético, es o podría ser sin embargo para los que le saben, la mejor herramienta de coordinación posible para el mejor aprovechamiento de los cada vez más escasos recursos públicos. No es casual ni gratuito que hoy sepamos que se ha buscado la asesoría abierta y transparente del Instituto Tecnológico de Monterrey para perfeccionar el librito de los procedimientos de este Comité Estatal para el Desarrollo de Campeche.

 
Podría yo con una semana ya de distancia y con tantas reacciones conocidas haberle dado vuelta a la hoja para concentrar mis afanes en el bullicio y la contagiosa alegría de un carnaval ya en plena marcha. Pero la trascendencia de las reflexiones del gobernador aquella fría mañana de jueves, me sigue, como a muchos cautivando por la claridad, sencillez y buenos modales utilizados para convocar a todos sin importar procedencia, credo, aficiones personales, fobias y demás enredos, a cancelar la ya añeja necedad de pensar que las cosas solo pueden funcionar colocando en las placas de las obras terminadas el fierro ardiente del propietario, tal y como hacen los rancheros con sus vacas y todo su ganado.
 
Muchos días después y al irse conociendo las versiones parciales de algunos de los convocados al conclave, fue creciendo el interés por conocer la participación completa de la que solo se conocían unos breves  fragmentos sazonados con algunos agregados de los ahí estuvieron. Así, hoy conocemos, concediendo -como suelen decir aquellos que no quieren salpicarse por promover y repetir asuntos que no pueden constatar- el privilegio de la duda, detalles tan importantes como el saber a qué funcionario y desde luego de que nivel de gobierno miró fijamente el gobernador al momento de ir compartiendo sus reflexiones en este encuentro de capital importancia al estrenarse lo que propiamente debe considerarse como el primer año ya de gobierno en un ejercicio fiscal completito, de enero a diciembre.
 
Quien conoce a Fernando Ortega Bernés sabe que no requiere de encendidos ademanes y manotazos estruendosos para hacer sentir su alegría o su enojo, <privilegio> que solo pueden confirmar la menos de media docena del círculo íntimo del gobernante. De ahí que cuando uno lee lo poco que por escrito se conoce de aquel encuentro, cualquiera sabe que el llamado a ponerse las pilas y estar ojo chícharo para poner en orden a los contratistas y prestadores sirviéndose con la cuchara embarrada hasta la empuñadura de la grosera eficacia, -así la identificó- y la simulación no era así como para evitar el contacto visual con el emisor del discurso.
 
Hay quien rebuscando en lo poco insisto que se nos ha dejado conocer sobre aquel encuentro, han tratado de reducir las reflexiones (en lo personal me siento más cómodo al escribir utilizando la misma palabra utilizada por el gobernador por encima de estas otras tan repetidas en relación al evento: mensaje y discurso) a solo la calzoneada de rigor que el jefe le dedica en encendido reclamo a los amañados empleados advirtiéndole de que esta vez si va en serio el exhorto a comportarse con probidad y eficacia en el desempeño de la talacha para la que fueron contratados. Creo que el encuentro al que asistieron los once alcaldes, la plantilla completa de delegados federales, y los señores secretarios y directores de primer nivel del gobierno del estado, tuvo una relevancia mucho más profunda, de la que más luego coloquialmente nos enteramos. 
 
En la aparente dureza de los adjetivos cuidadosamente escogidos por Fernando Ortega Bernés para sacudir a su abigarrado y policromado auditorio, fue extendida también una mano amiga con el único afán de estrechar la de todos que sin origen ni banderas partidistas, comparten un solo y único propósito: Que le vaya bien a Campeche. La desesperación de todos aquellos por colgar placas de bronce, mantas informativas con el fierro, el sello pues de una orquesta que aparentemente insisten algunos en convencernos toca sola, para ponernos en el paso de un día no lejano solo se diga a la hora de develarla a los ojos de la comunidad, palabras más, palabras menos: “esta obra se hizo con el esfuerzo y los recursos de todo el pueblo de Campeche”.
 
Hay por ahí otros argumentos no menos importantes que los administradores públicos ahí reunidos debieron entender sin el auxilio de un librito de traducción. La máxima pasión y las habilidades deben estar enfocadas en la programación y en la presupuestación. No hay, literalmente se los dijo a todos, gobierno ni nómina que aguante, ni en los gobiernos municipales, ni en el gobierno estatal, ni en el gobierno federal. Hablando entre pares y profesionales del mismo oficio, ahí quedo la invitación para ver el potencial que ofrece el trabajar con toda la fuerza y capacidad posible al interior de este organismo, conocido por sus siglas como el Copladecam en el que tienen todos tienen responsabilidad, asiento, representación y desde luego participación. Los procedimientos no son, no deberán ser solo para buscar la certificación y validación, sino para encontrar ahí juntos, las acciones de mayor beneficio para Campeche. Lo habrán entendido todos?      
 
Mi correo electrónico: manuelcruzbernes@hotmail.com