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San Francisco de Campeche a Jueves 21 de Enero de 2010 Descarrilar la alianza
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La búsqueda de la democracia plena en este país tiene que partir de que el único y final objetivo es lograr que todas las contiendas electorales terminen con la certeza de que ganó el que obtuvo más votos. En el México del bicentenario resulta lastimoso que no hayamos podido aún lograr una democracia plena y que estemos los ciudadanos sujetos al temor de que los gobiernos estatales más atrevidos y cínicos pueden operar para seguirse imponiendo a pesar de la voluntad popular y eso, que quede claro, pasa con los de todos los partidos, pero se nota más en el caso del PRI porque es quien más entidades gobierna.
En un exceso de confianza y de añoranza democrática, habemos quienes aspiramos a que se pueda formalizar una alianza cuya única razón y objeto sea la garantía a los ciudadanos de una reforma electoral que le amarre las manos a los mapaches, que tenga penas muy severas para quienes cometan esas prácticas y que los órganos electorales puedan también ser sancionados por prácticas incorrectas e ilegítimas.
Para los comicios de este 2012, ha empezado a urdirse entre PRD y PAN una alianza que promete convertirse en una realidad en entidades como Hidalgo, Oaxaca, Puebla, Sinaloa y quizá otros más, cuyo único objetivo es que el PRI sea desalojado de esos gobiernos.
¿Alguien puede salir a defender el gobierno que ha hecho Ulises Ruiz en Oaxaca, o al de Mario Marín en Puebla, o cómo el narco se ha apoderado del Tamaulipas de Eugenio Hernández, o el de Chihuahua de José Reyes Baeza?
Ver la alianza como un engendro ideológico debe de combatirse con argumentos contundentes. Es verdad que hay temas que son extraordinariamente polémicos en ambas fuerzas, otros que pudieran parecer irreconciliables, pero el tema democrático debe de ser el toral en estos momentos y los demás, pues que queden como una opción discutible a mediano o largo plazo.
El tema democrático y de ganar como sociedad la certidumbre y la confianza en las elecciones tiene que ser una lucha que se retome luego de los atrasos de los últimos años que tan mal sabor de boca han dejado en los ciudadanos.
El avance democrático logrado a fines de los 90 debe servir de base para el inicio de una nueva justa política en la que los dos partidos más sólidos, de acuerdo con las últimas elecciones federales, logren acuerdos que les permitan consolidar legislaciones imparciales, confiables y órganos electorales cien por ciento ciudadanos y no viciados por la partidocracia como sucede con muchos de ellos hasta ahora.
Los comicios nos han dejado con experiencias que a ratos parecieran bizarras porque no es posible que en unas elecciones se logren presencias simbólicas y en otras esas mismas posibilidades se esfumen.
Y que no haya equivocaciones, si después de que haya esa certeza y claridad el PRI sigue ganando todas las elecciones, pues ni hablar, pero hoy una buena parte de la sociedad sigue sintiendo que mientras no hayan cambios profundos en los gobiernos del país, éste no tendrá suficiente con sólo el cambio en la Presidencia.
Casos ejemplares como los ya expuestos son suficientes para entender el por qué de esa urgencia, aunque también es verdad que la madurez de la sociedad ha crecido y no necesariamente un buen gobierno lleva al mismo partido a sostenerse en el encargo.
En los comicios intermedios del año pasado, la popularidad a la alza del presidente no le sirvió al PAN para consolidar triunfos y sí dejó en el camino a muchos de sus gobiernos que no fueron validados por la sociedad, pero también con el tufo de la operación política y la compra de votos de aspirantes presidenciales priístas apareció en los comicios.
Hoy, cuando el país entra a los 100 años del sufragio efectivo no reelección ¿sigue siendo válido que haya gobiernos del mismo signo desde 1928? Vale la pena la reflexión. |
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